Defender a Bogotá es devolverle su imagen de ciudad futurista

Chucho Lorduy candidato a la Cámara por Bogotá
Chucho Lourduy, candidato del Centro Democrático a la Cámara de Representantes, No. 110 en el tarjeton

OPINIÓN

Por Chucho Lurduy – Candidato a la Cámara por Bogotá

Hace apenas unas semanas, dos adultos mayores fueron atacados durante un atraco en Bogotá. Poco antes, un joven perdió la vida por resistirse al robo de su celular. Son hechos distintos, pero con un mismo trasfondo: una ciudad donde el delito se siente cada vez más impune y donde salir a la calle se ha convertido en un riesgo cotidiano.

No estamos hablando de estadísticas frías ni de cifras aisladas. Estamos hablando de abuelos que ya no se sienten seguros caminando por su propio barrio y de jóvenes que nunca regresaron a casa por actos de violencia absurda. Historias que se repiten y que nos recuerdan que la inseguridad dejó de ser una percepción para convertirse en una realidad que golpea todos los días.

Cuando estos hechos se multiplican, dejan de ser casos aislados y se convierten en señales claras de que la seguridad está fallando. En Bogotá, el miedo se volvió parte de la rutina: miedo en el transporte público, miedo al volver tarde del trabajo, miedo incluso frente a la propia casa. No puede ser normal que los ciudadanos honestos vivan encerrados mientras los delincuentes se mueven con tranquilidad y a sus anchas.

Durante años se nos ha dicho que la inseguridad es un problema complejo, y lo es. Pero esa complejidad no puede seguir siendo una excusa para la inacción. La seguridad comienza con algo básico: presencia real y permanente del Estado en todas las localidades, respaldo efectivo a la Fuerza Pública y una política clara de protección al ciudadano, no al delincuente reincidente.

No es aceptable que quien roba hoy esté libre mañana repitiendo el mismo delito. La impunidad alimenta la violencia y envía un mensaje equivocado: delinquir sí paga. Necesitamos fortalecer las herramientas legales contra el delito repetitivo, mejorar los sistemas de identificación de criminales y usar la tecnología no solo para reaccionar cuando el delito ya ocurrió, sino para prevenirlo. Cámaras inteligentes, drones, analítica de datos y mayor articulación entre autoridades deben ser aliados reales de la seguridad.

Pero la seguridad no se construye únicamente con patrullas, capturas y tecnología. También se construye con ciudad. Un parque abandonado, una calle oscura o un sector deteriorado y lleno de basuras se convierten rápidamente en territorio del delito. Recuperar el espacio público, mejorar la iluminación, mantener los barrios en condiciones dignas y devolverle vida a las zonas olvidadas no es un asunto estético: es una decisión que salva vidas y devuelve confianza.

Tampoco podemos ignorar la relación directa entre inseguridad y falta de oportunidades. Un joven sin empleo, sin educación pertinente y sin expectativas claras es más vulnerable a caer en dinámicas de ilegalidad. Por eso, combatir el delito debe ir de la mano con políticas de primer empleo, apoyo real al emprendimiento y formación para el trabajo. La mejor política de seguridad a largo plazo es una política de oportunidades reales.

Bogotá necesita una estrategia integral: autoridad firme para enfrentar al crimen, una justicia que funcione y no premie la reincidencia, una ciudad ordenada y cuidada, y empleo para los jóvenes. No más soluciones fragmentadas ni discursos que se repiten mientras las víctimas siguen aumentando.

Como joven, me niego a aceptar que vivir con miedo sea el destino de mi generación, ni que nuestros adultos mayores tengan que sentir temor al salir a la tienda del barrio. Defender a Bogotá es devolverle su imagen de ciudad moderna, innovadora y futurista, pero, sobre todo, es garantizar que se pueda vivir, trabajar y caminar sin miedo. La seguridad no es un favor: es un derecho.

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